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Kerepakupai Merú

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El Reclamo de la Identidad Ancestral Frente al Nombre de Salto Ángel

El Salto Ángel, reconocido mundialmente como la caída de agua más alta del planeta con sus 979 metros de altura, atraviesa un proceso de resignificación histórica que busca devolverle su nombre original. Aunque el mundo lo identifica mayoritariamente por el apellido del aviador estadounidense Jimmy Ángel, quien lo dio a conocer internacionalmente en 1937, la comunidad indígena Pemón y diversos sectores culturales de Venezuela insisten en la importancia de llamarlo por su denominación legítima en lengua caribe: Kerepakupai Merú.

Esta majestuosa maravilla natural se encuentra ubicada en el Parque Nacional Canaima, en el estado Bolívar, un territorio que ha sido resguardado por el pueblo Pemón durante siglos. Para esta etnia, el nombre Salto Ángel no solo representa una imprecisión histórica, sino que invisibiliza la conexión espiritual y geográfica que los pueblos originarios han mantenido con el Auyán-tepui mucho antes de cualquier expedición extranjera. El término Kerepakupai Merú se traduce literalmente como “salto del lugar más profundo”, una descripción que hace justicia a la geografía del cañón donde se origina la caída.

La distinción entre ambos nombres no es un detalle menor. Mientras que el nombre occidental rinde homenaje a un hito de la aviación del siglo XX, la denominación ancestral reivindica la soberanía cultural y el patrimonio intangible de la región. En años recientes, esta transición de nomenclatura ha ganado fuerza en los textos escolares, mapas oficiales y en la promoción turística del país, buscando que el visitante no solo admire la magnitud física del salto, sino que también comprenda la profundidad histórica de la tierra que pisa.

Es fundamental aclarar que el Kerepakupai Merú suele confundirse frecuentemente con el Churún Merú, otra caída de agua de gran belleza situada en el mismo tepuy, pero de menor envergadura. Esta confusión refuerza la necesidad de educar a la opinión pública sobre la toponimia correcta de la zona. Al llamar a la cascada por su nombre indígena, se honra la memoria de los ancestros y se promueve un turismo más consciente, donde la naturaleza y la cultura se encuentran en un mismo nivel de respeto.

El debate sobre el nombre del salto más alto del mundo invita a una reflexión sobre cómo las palabras moldean nuestra percepción del patrimonio. Venezuela, poseedora de esta joya natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, avanza hacia un reconocimiento que trasciende la anécdota del explorador para abrazar la identidad milenaria del Kerepakupai Merú, el gigante que nace del corazón de la selva venezolana.

Lcdo. Roiman F. Navarro Venegas

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