Italia busca en el repechaje evitar un histórico tercer fracaso mundialista consecutivo.
La selección de fútbol de Italia, cuatro veces campeona del mundo y referente histórico del balompié global, se encuentra una vez más ante el abismo. Tras quedar segunda en el Grupo I de las eliminatorias europeas, superada por una sorprendente Noruega, el combinado ahora dirigido por Gennaro Gattuso deberá jugarse su presencia en la Copa del Mundo 2026 en el crítico formato de repechaje. Esta situación revive los fantasmas de un pasado reciente que ha sumido al fútbol italiano en su crisis de resultados más profunda.

La debacle de la “Nazionale” no es un hecho aislado, sino una herida abierta que sangra desde hace casi una década. Después de quedar fuera de Rusia 2018 al caer ante Suecia, y de la traumática eliminación frente a Macedonia del Norte que los privó de Qatar 2022, Italia se enfrenta a la posibilidad real de ausentarse de tres mundiales consecutivos. Este escenario resulta paradójico para una nación que, entre ambos fracasos, logró coronarse campeona de la Eurocopa 2020, demostrando una irregularidad que los expertos atribuyen a un déficit de talento generacional en puestos clave y a una crisis de identidad en su estilo de juego.
El camino hacia el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026 obliga a Italia a superar un “Final Four” de alta tensión en marzo. Los italianos han quedado encuadrados en la Ruta 1, donde primero deberán derrotar a Irlanda del Norte en semifinales. De avanzar, se medirán en una final a partido único contra el ganador de la llave entre Gales y Bosnia y Herzegovina. Bajo el mando de Gattuso, quien asumió el cargo tras la salida de Luciano Spalletti durante el proceso clasificatorio, el equipo busca recuperar la solidez defensiva y el carácter competitivo que históricamente los definió.
El análisis de esta “debacle” trasciende las canchas. La crítica especializada en Italia apunta a un estancamiento en las categorías inferiores y a la excesiva dependencia de jugadores extranjeros en la Serie A, lo que ha limitado el fogueo de nuevos referentes nacionales. Mientras selecciones emergentes han modernizado sus sistemas de formación, Italia parece haber quedado atrapada entre la nostalgia de su antiguo “Catenaccio” y una transición hacia un fútbol asociativo que aún no termina de cuajar en los momentos de máxima presión.
Para el país transalpino, el repechaje de marzo no es solo una oportunidad deportiva, sino una cuestión de estado. Una nueva ausencia en la cita máxima del fútbol no solo representaría una pérdida millonaria en derechos comerciales y patrocinio, sino un golpe devastador al orgullo de una afición que no ve a su equipo jugar una fase de eliminación directa en un Mundial desde que se alzaron con la copa en Alemania 2006.