En un momento en que el mundo se centra en la sostenibilidad y la transición energética, el auto eléctrico (VE) se percibe a menudo como una innovación del siglo XXI. Sin embargo, su historia es tan profunda y fascinante como la de su contraparte de combustión interna, remontándose a los albores de la automoción.

Contrario a la creencia popular, el auto eléctrico no es un concepto nuevo, sino un pionero. A mediados del siglo XIX, inventores como el escocés Robert Anderson y el estadounidense Thomas Davenport ya habían creado las primeras versiones experimentales de vehículos impulsados por baterías.
El apogeo de los VE se produjo a finales del siglo XIX y principios del XX. Eran populares por varias razones clave:
* Comodidad: No requerían el esfuerzo físico de arranque manual (manivela) ni los ruidosos y humeantes motores de gasolina.
* Limpieza: Eran silenciosos y libres de emisiones, ideales para el uso urbano.
* Fácil Manejo: Eran la opción preferida de las mujeres, ya que evitaban las complicaciones mecánicas de los motores de gasolina.
Figuras como Thomas Edison y Henry Ford estuvieron involucradas en el desarrollo inicial de la tecnología de baterías y vehículos. En 1900, los autos eléctricos representaban aproximadamente un tercio de todos los vehículos en las carreteras de Estados Unidos.
La Caída y el Olvido
El dominio del VE fue desafiado por tres desarrollos principales que favorecieron al motor de combustión:
* El Motor de Arranque Eléctrico (1912): Eliminó la necesidad de la peligrosa manivela, haciendo más accesibles los autos de gasolina.
* El Descubrimiento de Grandes Reservas de Petróleo: Redujo drásticamente el costo del combustible.
* La Producción en Masa de Henry Ford (Modelo T): Hizo que los vehículos de gasolina fueran significativamente más baratos y estuvieran al alcance del consumidor promedio.
Para la década de 1930, el auto eléctrico prácticamente había desaparecido del panorama automotriz, relegado a un nicho de vehículos industriales o especializados.
El Renacimiento del Siglo XXI
El resurgimiento del interés por los autos eléctricos comenzó de forma intermitente durante las crisis del petróleo de los años 70, pero la verdadera “segunda oportunidad” llegó a finales del siglo XX, impulsada por la creciente preocupación por el cambio climático, la contaminación del aire urbano y la dependencia del petróleo.
Innovaciones cruciales como las baterías de iones de litio (más ligeras y con mayor densidad energética) y el avance de la electrónica de potencia hicieron posible que los VE modernos ofrecieran rangos de autonomía utilizables y un rendimiento deportivo.
Empresas pioneras como Tesla, junto con los principales fabricantes de automóviles que rápidamente adoptaron la electrificación (BMW, Nissan, Chevrolet, etc.), han impulsado una revolución que ahora parece imparable.
“La historia nos enseña que el auto eléctrico no es el futuro; es el pasado que hemos recuperado y perfeccionado,” señala [Nombre y cargo de un experto ficticio o del sector]. “Hoy, la tecnología ha resuelto las limitaciones de autonomía y coste que lo marginaron hace un siglo, posicionándolo para ser la forma dominante de transporte personal en las próximas décadas.”
La próxima vez que un auto eléctrico pase silenciosamente por la calle, recuerde que está presenciando la culminación de un viaje histórico que comenzó hace más de 150 años, marcando un círculo completo en la evolución de la movilidad.