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Historia

Carlo Abarth

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El Escorpión Italiano que Transformó el Automovilismo Mundial

Pocos nombres resuenan con tanta potencia, velocidad y espíritu competitivo en la historia del automóvil como Carlo Abarth. Aunque nació como Karl Abarth en Viena (Imperio Austrohúngaro) en 1908, su destino y su leyenda se forjaron completamente en Italia, específicamente en Torino (Turín), la capital del automovilismo italiano. Al nacionalizarse italiano en 1946, adoptó formalmente el nombre de Carlo, consolidando no solo su identidad personal sino un profundo vínculo con la nación que se convertiría en el epicentro de su éxito y su legado. Su alma italiana fue tan reconocida que décadas más tarde, Turín, la ciudad que lo vio triunfar, le honraría nombrando una de sus calles como “Via Carlo Abarth”.

El Hombre Detrás del Escorpión

Carlo Abarth, un hombre de inmensa pasión y determinación, fue inicialmente un exitoso piloto de motocicletas y sidecares. Su osadía era legendaria; en 1934, llegó incluso a batir al legendario tren Orient Express en una carrera de resistencia de Viena a Ostende. Tras un grave accidente en 1939, su enfoque se trasladó de la conducción a la ingeniería y la preparación de vehículos, iniciando su segunda y más brillante carrera en el motor.

Su conexión con Italia se consolidó al unirse a la vanguardista empresa Cisitalia en Turín, donde trabajó como director deportivo y técnico en el desarrollo de vehículos de competición.

Orígenes del Éxito Empresarial: De la Quiebra a la Gloria

En 1949, la quiebra de Cisitalia fue el catalizador inesperado que impulsó a Abarth a crear su propia marca. A falta de pago por su trabajo, Abarth decidió tomar los activos restantes de la compañía, incluidos varios coches de competición y equipos, y fundó Abarth & C. S.p.A. junto a Guido Scagliarini. El primer vehículo producido bajo su propio nombre, el Abarth 204 A Roadster, construido sobre la base de un Fiat 1100, demostró de inmediato la capacidad de la nueva firma al ganar el Campeonato Italiano 1100 Sport y la Fórmula 2.

El verdadero golpe de genio empresarial de Abarth fue la estrategia para financiar su costosa escudería. Para costear los gastos de competición, la empresa se lanzó a la producción de kits de potenciación y, sobre todo, los revolucionarios sistemas de escape Abarth. Estos escapes, diseñados para liberar el rendimiento de los motores y dotarlos de un rugido inconfundible, se convirtieron en un producto de masas. La gente pagaba por llevar el ‘veneno’ del Escorpión a sus utilitarios. Esta fórmula de ‘ganar el domingo y vender el lunes’ no solo financió el Corse (el equipo de carreras), sino que catapultó a Abarth a ser una empresa de ingeniería de éxito masivo, llegando a emplear a 375 personas y a producir cerca de 300.000 sistemas de escape al año.

El logotipo de la marca, el famoso Escorpión sobre un fondo amarillo y azul, es un guiño al signo zodiacal de Carlo Abarth (nacido el 15 de noviembre) y simboliza la filosofía de sus creaciones: coches pequeños, pero rápidos, ágiles y “venenosos”.

La Prueba de la Determinación: Una Anécdota del Carácter Abarth

El espíritu de Abarth, mezcla de talento técnico y obstinada determinación, fue evidente incluso en los momentos más inesperados.

Se cuenta que en una ocasión, durante unas pruebas de velocidad, Carlo Abarth fue convocado para sustituir a un piloto que había enfermado. En la primera sesión, marcó el mejor tiempo. Inmediatamente, fue acusado por los rivales de haber manipulado el vehículo para obtener tal ventaja. Para demostrar que su destreza y no un truco de ingeniería era la clave de la velocidad, Abarth simplemente cambió de coche. En la segunda sesión de pruebas, con un vehículo diferente y bajo la mirada de todos, no solo repitió su hazaña, sino que se adjudicó la pole position con un tiempo aún mejor, silenciando a sus críticos y probando que la verdadera magia estaba en su preparación.

La Ciudad del Motor y la Era de las Preparaciones

La sede original de Abarth se mantuvo estratégicamente en Torino, la cuna de Fiat. Esta cercanía permitió a Abarth desarrollar su genialidad al tomar vehículos de serie, principalmente modelos Fiat, y transformarlos en auténticas máquinas de competición.

“La fórmula de Abarth era hacer que los coches de calle fueran más rápidos, más manejables y más emocionantes para todos, no solo para la élite.”

A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, Abarth dominó las carreras, consiguiendo miles de victorias y estableciendo decenas de récords mundiales. Los modelos más emblemáticos de esta era fueron las versiones deportivas del Fiat 500 y el Fiat 600, que bajo la mano de Abarth se convirtieron en temibles “matagigantes” de pista, conocidos por su relación potencia-peso inigualable.

Un Ícono Modificado: El Fiat-Abarth 500 Clásico

Un hito memorable ocurrió en 1965, cuando el propio Carlo Abarth, a la edad de 57 años, se sometió a una dieta rigurosa a base de manzanas para perder cerca de 30 kg y poder caber en el diminuto habitáculo de su Fiat Abarth Monoposto. Su objetivo: batir varios récords de aceleración en el Autodromo Nazionale Monza. Este acto heroico encapsuló su dedicación inquebrantable a la velocidad y la innovación.

En 1971, Carlo Abarth vendió la compañía al Grupo Fiat, pero su legado perduró, convirtiendo a Abarth en la división oficial de competición, responsable de modelos de rally legendarios. Hoy, la marca continúa su tradición de alto rendimiento, manteniendo vivo el espíritu que Carlo Abarth, el austriaco de corazón italiano, trajo a Turín y convirtió en una leyenda mundial.

Giovanni Celano Minini

gcelano002@gmail.com

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