En las profundidades de las Catacumbas de los Capuchinos, la pequeña Rosalía Lombardo descansa bajo un cristal que protege el mayor secreto de la conservación humana. Fallecida en 1920 a causa de una neumonía, esta niña de apenas dos años mantiene una apariencia de sueño profundo que asombra a la comunidad científica internacional desde hace más de un siglo.

El cuerpo de la menor permanece intacto gracias a la técnica maestra de Alfredo Salafia, un taxidermista que aplicó una mezcla química revolucionaria para su época. A diferencia de otros procesos de momificación, este método preservó la elasticidad de los tejidos y el brillo natural del cabello rubio, lo que otorgó a Rosalía el apelativo popular de la Bella Durmiente de Sicilia.
Investigaciones recientes con tecnología de rayos X revelaron que los órganos internos de la pequeña se encuentran en un estado de preservación extraordinario. El análisis de la fórmula de Salafia, descubierta en manuscritos antiguos, confirmó el uso de sales de zinc, alcohol y ácido salicílico para detener la descomposición de forma definitiva.
Un fenómeno óptico particular alimentó leyendas urbanas durante décadas sobre el supuesto parpadeo de la niña. Sin embargo, los expertos atribuyen este efecto a los cambios en la humedad ambiental y a la incidencia de la luz sobre sus párpados entreabiertos. Hoy en día, la pequeña descansa en una urna hermética cargada con nitrógeno que garantiza su inmortalidad visual para las futuras generaciones.